- Elegimos mover las manos, decir algo o levantarnos para ir a alguna parte. Vemos que no hay nada, ni grilletes alrededor de nuestros cuellos, que nos obliguen a hacer algo o no. Por ejemplo, nos sentimos libres al leer un libro útil en nuestro tiempo libre o al sentarnos para mirar televisión. Ninguno de nosotros se mueve por un control remoto en las manos de un poder invisible y superior.
- Dudamos, razonamos, hacemos comparaciones, juzgamos las circunstancias, elegimos y decidimos antes de hacer algo. Por ejemplo, cuando dos de nuestros amigos nos invitan a diferentes lugares o sugieren hacer diferentes cosas, antes decidimos, dudamos, hacemos comparaciones y finalmente llegamos a una decisión. Igualmente, quizás unas cien veces al día, actuamos de la misma manera, es decir que, pensamos, dudamos, juzgamos las circunstancias, hacemos comparaciones y luego decidimos, a pesar de los llamamientos opuestos del bien y el mal dentro de nosotros.




El libre albedrío es bueno o en caso que , si molesta a alguien  o lo daña, le ruega a esa persona que lo disculpe. Todo esto demuestra que el hombre hace consigo lo que quiere o decide hacer algo y cómo hacerlo.

Comentarios